Lo malo de ponerse a hablar del
tabaco cuando uno ha dejado de fumar, es que ha pasado a contemplar la vida del fumador (lo que
éste experimenta) desde la acera opuesta: la de las personas que no
fuman: ¡desde el paraíso de los que están ya viviendo libres de ese humo dañino, tóxico, mort...!
Ahora es cuando ese no-fumador
vuelve a sentir y a percibir, contundentemente, cuán absurdo y desagradable es
tragar humo y tóxicos, más humo, y más tóxicos, más humo, y más tóxicos... ... ... ...
Se da cuenta de lo insensato
que antes había sido cuando pensaba «No puedo dejar de fumar».
Lo cierto es que, en este instante, desde la
acera de los no fumadores, ¡uno se siente, por un lado, muy contento de no vivir la tortura del
tabaco! y, por otro, ¡ya no entiende a los fumadores...!
...aunque uno lo haya sido
durante muchos años.